CLIMA DE CLASE
Por
clima de clase se entiende el conjunto de condiciones ambientales en que se
enmarcan las actividades del aula. Las conductas problemáticas, aunque pueden
aparecer en cualquier momento, suelen darse cuando son propicias y, por ello,
es necesario crear un clima facilitador que haga más cómodo el trabajo escolar
y más improbable la conflictividad. Entre las medidas que pueden contribuir a
mejorar el clima de clase, pueden destacarse las siguientes:
- Establecer
límites en las primeras semanas del curso y mantenerlos durante el curso.
- Disponer
normas efectivas de convivencia que regulen los comportamientos más
frecuentes e importantes.
- Mantener
una relación de empatía y confianza con los alumnos.
- Entrenar
a los alumnos en relaciones de reciprocidad, con especial incidencia en el
respeto mutuo.
- Conocer
los roles de los alumnos y propiciar que contribuyan a la convivencia y no
la perturben.
- Detectar subgrupos perturbadores y reconducir su actitud.
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ESTABLECER LÍMITES EN LAS PRIMERAS SEMANAS … Y
MANTENERLOS DURANTE EL CURSO |
Por límites en la clase se entiende una línea imaginaria que separa las conductas aceptables de las no aceptables.
Se deben establecer de forma inequívoca en las primeras semanas del curso, pues si no los acaban imponiendo los líderes negativos de la clase. Los límites se asientan durante las primeras tres o cuatro semanas mediante un proceso implícito de negociación de límites que comprende dos vías de actuación: mientras el/la profesor/a intenta marcar límites estableciendo normas y aplicándolas, los/as alumnos/as problemáticos/as significativos/as ensayan conductas de tanteo e incumplimiento de normas con el fin de desplazar los límites hacia sus preferencias y necesidades. Los resultados de esta negociación implícita determinan de manera bastante sólida los límites que van a imperar en la clase durante el curso.Una vez establecidos en las primeras semanas, y a pesar de que a lo largo del curso tienden a deslizarse ligeramente hacia una mayor permisividad por efecto del relajamiento y el desgaste, suelen permanecer bastante estables a no ser que circunstancias extraordinarias los hagan fluctuar (la sustitución de un/a maestro/a, la incorporación de un/a alumno/a conflictivo/a, …). Conviene que el/la maestro/a evite el deslizamiento de los límites y se esfuerce en mantenerlos lo más estables posibles.
Los límites deben estar claros, especialmente en lo que se refiere a las conductas significativas, que son aquellas que por su frecuencia e intensidad o impacto sobre la clase afectan decisivamente al desarrollo del proceso de enseñanza – aprendizaje. La nitidez de los límites supone evitar las ambigüedades e incoherencias que se producen cuando un/a maestro/a permite una determinada conducta en algunas ocasiones y la prohíbe en otras.
Los
límites que establece cada maestro/a están en relación con su estilo de
conducción de la clase. El estilo democrático – directivo es el que proporciona
un clima de clase más relajado y cálido, garantizando al mismo tiempo una buena
convivencia y un buen rendimiento académico. Este estilo se caracteriza por:
-
Límites
razonables.
-
El
orden está al servicio del aprendizaje.
-
Se
regulan sólo las conductas significativas.
-
Los
límites son consensuados con los/as alumnos/as.
-
Relación
basada en la reciprocidad, el respeto y la empatía.
- Las
normas se cumplen sistemáticamente y su cumplimiento está al servicio del
aprendizaje de los/as alumnos/as.
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ESTABLECER NORMAS EFECTIVAS DE CONVIVENCIA |
En
la clase se pueden distinguir dos tipos de normas:
- Explícitas. Son las que están redactadas por
escrito y supuestamente regulan la convivencia. Su efectividad depende,
entre otros, de los siguientes requisitos:
- Han
de ser pocas. Deben regular sólo aquellos comportamientos o actitudes que
afectan significativamente a la convivencia.
-
Han
de estar claras. No deben dejar lugar a dudas sobre lo que pretenden.
- Deben
estar formuladas en positivo. Mejor indicar lo que se debe hacer que prohibir
lo que no se debe hacer.
-
Tienen
que ser cumplidas. Cualquier norma que se establezca tiene que seguirse, ya que
si una norma explícita se incumple sistemáticamente, se convierte en otra de
signo contrario. Es preferible suprimir las normas que no se puedan hacer
cumplir antes que admitir el incumplimiento habitual de las mismas.
- Flexibles. Deben modificarse cuando no cumplan la función para la que se han formulado.
- Implícitas. Son las normas que, sin estar formalmente redactadas, rigen realmente el funcionamiento de la clase mediante la rutina, la costumbre y las conductas de tanteo de los/as alumnos/as. Con cada maestro/a se establecen unos hábitos de funcionamiento que acaban convirtiéndose en reglas presuntamente convenidas y aceptadas y que acaban por conformar un clima determinado en la clase.
La
contradicción entre normas explícitas e implícitas se resuelve siempre a favor
de las implícitas. De esta hegemonía de las normas implícitas sobre las
explícitas se pueden extraer las siguientes conclusiones:
1.
Cuando
se detecta que una norma implícita está perturbando significativamente el
desarrollo de la clase, conviene reconvertirla en una norma explícita de
carácter positivo y hacerla cumplir sistemáticamente.
2.
No
se debe fijar ninguna norma que no se esté en condiciones de hacer cumplir.
La fijación de normas provoca resistencias y lleva a algunos/as alumnos/as a realizar incumplimientos de tanteo, que buscan probar la reacción del/la maestro/a y averiguar si el cumplimiento de la norma va a ser obligatorio o no. El/la maestro/a debe mantenerse firme ante dichos tanteos pues forman parte de la negociación de límites y suelen extinguirse cuando el/la alumno/a comprueba que el/la maestro/a está dispuesto/a a hacer cumplir la norma.
La efectividad de las normas depende en gran medida de las consecuencias de su incumplimiento (y si no …) y de su cumplimiento (y si sí …). Si del incumplimiento de una norma no se deriva sistemáticamente una consecuencia disuasoria, la norma perderá su eficacia y acabará por incumplirse. De la misma manera, conviene aplicar de vez en cuando consecuencias positivas tras el cumplimiento de una norma para consolidarla. Enseñar a los/as alumnos/as a asumir las consecuencias de sus actos en vez de hacerles dependientes de premios y castigos, supone educarlos en la responsabilidad, ayudándoles a ser más maduros y autónomos.
Las normas de clase se pueden ir fijando a medida que se vayan presentando los problemas. Presenta la ventaja de que empieza por establecer prioritariamente las normas que regulan las situaciones más frecuentes y significativas. El sistema tradicional de tener todas las normas de clase establecidas desde el primer día tiene el inconveniente de dar el mismo tratamiento a las normas que regulan problemas que probablemente no se den en todo el curso que a las que regulan rutinas de aparición casi diaria. Además, los reglamentos ya prefijados de antemano, al estar fuera del contexto práctico, aparentan menor credibilidad, pues surgen como un reglamento teórico de dudosa aplicación futura y de fácil olvido.
Mediante esta fórmula, se aprovecha la aparición del incidente problemático y perturbador para establecer una norma que lo regule y decidir las consecuencias de su incumplimiento. No es conveniente que el/la maestro/a improvise medidas sobre la marcha, sino que se trata de que, teniendo previstas con antelación algunas normas básicas las vaya poniendo encima de la mesa cuando aparezcan los casos regulados por ellas y las fije de forma consensuada con sus alumnos/as.
Un
modo de establecer normas de forma progresiva es el siguiente:
- El/la
maestro/a explica las razones por las que es necesario establecer normas
para las conductas negativas:
“Es
probable que este problema se vuelva a presentar durante el curso por lo que hay que encontrar una solución
entre todos/as y aceptada por todos/as
para evitar que vuelva a ocurrir”.
- Se establece una norma que regule la conducta inapropiada por consenso, tras un debate abierto del grupo con el/la maestro/a o mediante una propuesta del/la maestro/a con consulta al grupo.
- Mediante
una lluvia de ideas se acuerda una consecuencia del incumplimiento de la
norma así como de su reiteración. Se anota en la pizarra la norma aprobada
y cada alumno/a va proponiendo una consecuencia del incumplimiento.
Finalmente, se selecciona la que se
considere más adecuada.
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Norma Consecuencia del incumplimiento Consecuencia del incumplimiento
reiterado
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- Cuando vuelve a aparecer la conducta perturbadora, se aplica automáticamente la consecuencia establecida, sin explicaciones innecesarias, mediante algún gesto que indique al alumno que tiene que asumir la consecuencia decidida por todo el grupo – clase consensuadamente.
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